viernes, noviembre 16, 2007



Este blog nació como respuesta al silencio que produjo la ruptura con una lengua de fresa.
Pequeñas cartas de amor sin destinatario fijo con remitente constante.
Botellas de cristal transparente.
Actos de fe.
Pero la saliva no entiende de labios ni acertijos, y la mía acabó tropezando con nuevos dientes igual de perfectos.
Y todo lo que ha pasado desde entonces me ha traído hasta aquí; a una suerte de viaje trópico, casi galáctico, que acaba ahora justo donde comenzó: en MÍ.
El círculo se ha cerrado.
Este espacio, desde hoy, desde este mismo instante, queda oficialmente clausurado.
Gracias a tod@s los que en algún momento llegaron a disfrutar de este entramado de obsesiones y fetiches que son mis textos. Que soy yo, en definitiva.
Y gracias a ti, que sin saberlo pariste este espacio desnudo que ahora recoje sus pantalones.
Ha sido bonito, qué más puedo escribir!
Nos volveremos a leer muy pronto en otro lugar, que esta vez nace con ansias de eternidad y besos verdes. Y nuevos.
Damas, caballeros, un placer.

PD) Tal vez esto sea mucho pedir, pero me gustaría que tod@s los que habéis formado parte de esta pequeña gran familia improvisada de un modo u otro, con vuestros comentarios o vuestros silencios, eligiéseis los 3 post que más os han gustado (en caso, claro, de que alcancen al menos ése número).
Si no, pasad y decid "hola" o "adiós", o lo que os venga en gana.
Os admiro tanto, pero tanto, que me pesan las manos de aplaudiros.

GRACIAS!
nayib.

martes, noviembre 13, 2007




No eres tú, sino tu ambición, quien me asusta.

El tintineo obeso con que mueves la lengua, pariendo palabras de grasa y cartón por doquier.

La vida es una transacción: Intercambio de poderes y favores, sexuales o no, que adquieren sentido en tu cartera de piel último modelo.
A veces trato de imaginar quién serías sin gomina y tres coches.
Y aún seguirías teniendo el mismo nombre:
MISERABLE.

martes, octubre 23, 2007



Tiempo y espacio detenido ...
Breve instante en que tu voz
derrumba el silencio de años de paredes.
¡¡Quiero vomitar, bostezar tu nombre, salirme de ti, de mí ...
... Expulsarte!!!
Me acompaña tu silencio fétido, La Muerte.
Vuelvo a nacerme: espasmo, sorpresa, hábito ...
Mentiras disfrazadas de tus labios,
te muerdo la lengua y respiro ...
Hojas en blanco, obscuridad oscura ... NADA.
Me condeno a recordarte ... Primera parte.
La segunda, ya es olvido.




PD) Gracias a Emi, que supo dar forma a la magia.

lunes, octubre 22, 2007


Tiempo rosa bullendo sobre aceras verdes. Cortinas naranjas en paredes azules. Miradas violeta de dilatada pupila amarilla. Charcos, charcas, color blanco.
Me rodeo de color por las noches, justo antes de conciliar el sueño. Al despertar, cuando el el sol comienza a hacer acto de presencia a través de las cortinas de gasa. En el instante justo en que nace el crepúsculo, cuando la ciudad aparece envuelta en llamas. Al calor de la lluvia que empapa, pero no moja.
Me tiño de ganas cada rincón que nadie me ha palpado todavía. Lacero con paciencia de brontosaurio la gama cromática de mi emoción. De cada una de mis minúsculas emociones. Ínfimas. Imperceptibles a los ojos de los que vieron, mas no miraron.
Y se suceden los segundos a pequeñísimos golpes de cuerda. Y escucho voces que hasta ahora no reconocía. Y distingo siluetas que destacan entre la marabunta displicente que murmura por las calles y atasca los andenes y abarrota los teatros.
El vacío está más lleno que el centro de Londres en hora punta. La soledad no existe desde el momento en que comprendemos que fuimos irremediablemente condenados a estar siempre con nosotros. El poder es la falacia triste de los que nunca ganaron algo que temiesen perder. La realidad es mentira: Un puzzle construido al antojo de las necesidades ajenas. De las propias, en el mejor de los casos.
Pero quedan el ansia, la incertidumbre, la esperanza, las hojas en blanco, el recuerdo.
Tú. Yo. Todos los demás.
El silencio.
Olvidamos que en boca cerrada no entran moscas.
Pero, ay!, tampoco lenguas.

viernes, septiembre 21, 2007



Nunca he sabido caer de pie. Me fracturo continuamente intentando mantener el equilibrio. Mis tobillos, ligeramente inclinados hacia algún lugar que no reconozco, se sostienen con precariedad de colibrí. Mi cuerpo cede al pulso de la carne, de la sangre, del asfalto. Cede. Cedo. Irremediable descenso. Ya estoy besando el suelo de nuevo.

Y lo peor es que no sabe a nada.

sábado, agosto 25, 2007


Querido cabrón:

Lento, muy lento. El tiempo se hace eterno en una ciudad deshabitada.

Y sin embargo, todo va rápido. El sonido huracanado de las motos por las calles estrechas. Mis piernas al contacto con el suelo. Los alaridos y brincos del perro, de madrugada y cuesta abajo. El tic-tac ininterrumpido del reloj de cocina del salón.

Me gusta Madrid. Ha llegado el fresquito por fin, y aunque la lluvia amenaza con hacer acto de presencia continuamente, la poca gente que atesora la ciudad en esta época del año refulge, se lanza a la calle, y ni paraguas ni gorras de sol logran disuadirles.

He pasado la tarde en una pequeña cafetería del centro. Las semejanzas con aquel "Café De Dos Moulines" donde trabajaba Amelie Poulain eran evidentes. Me he sentado en una mesa pequeñita a la entrada del local. La mejor mesa del mundo. Enmarcada bajo un pequeño cubículo de paredes rojas, el ventanal enorme permite divisar cada milímetro de la acera dormida, porque también las aceras descansan de pasos y escupitajos varios.

Por primera vez desde que volví me sentí feliz. Relajado. Sabía que el reencuentro se produciría. La ciudad y yo a solas manteniendo una cita. Encendí un cigarrillo y me dispuse a esperar.

Estoy creciendo. Lo noto. Lo siento en mis manos pequeñas pero áridas. En los labios abiertos que buscan lenguas. En mis pies pelados pero resistentes. En mi sexo. Mío.

A punto de recuperar mi vieja bici azul. A dos pasos de salir corriendo por las escaleras. Al borde del precipicio.
Pero en pie.
Y sonriendo.


Besos de agua.



Arde la piel inflamada. Destellos de vientre arrasado sobre los cojines y las estanterías. Silencio de cruces en la habitación a oscuras. Noche de páramo.

Soledad es un pulpo de tentáculos sigilosos buceando a ciegas las paredes del estómago. Es el conglomerado de ventanas entreabiertas y apellidos seleccionados al azar que nos asalta en las tardes de primavera.

Soledad son los cajones vacíos. El sonido persistente de los relojes en las paredes. El deseo crudo. La Luna.

Acabo de descubrir, aunque haya quien todavía no lo entiende, que sola está la carne, no la ausencia.

No la ausencia.

PD) Atardecer en Casablanca

jueves, agosto 09, 2007





Te veo en todas partes. Tu presencia me circunvala, y tropiezo con tus ojos de continuo. Enciendo el televisor y allí están tus brazos. Me estiro para encender la luz de la mesilla y aparecen tus dedos. Bebo agua y me sabe a tu saliva. Paseo y me descubro hablando con tu imagen. Duermo y para mi sorpresa, tu silueta es mi almohada.
Tanto buscarte en vano va a acabar matándome, en el mejor de los casos.
Bonita presencia de cantimpalo la tuya.
¿Dónde estás ahora?
Voy a bucearme entero. Hacia adentro.
Que alguien me abraze cuando regrese.
Por favor.