jueves, noviembre 30, 2006

Hay que moverse. Avanzar a zancadas. Desafiar al hastío. A la vida misma. A la propia muerte.
Hay que gritar de alegría y llorar de rabia frente a la puerta cerrada. Y revolverse. Y crear una república de besos. Y hacer la revolución.
Hay que seguir bailando cuando tiemblen las rodillas. Consumir cada cigarro hasta su última bocanada de nicotina y alquitrán. Liberar a las hurracas. Devolver a la nada la nada prescrita.
Hay que pelear. Defender el amor y el alma con uñas y dientes. Desactivar todos los relojes. Amasar la esperanza. Cultivar la paciencia. Sonreirle al infortunio.
Hay que revolver el miedo. Derretir la escarcha. Sondear el futuro. Rebosar la taza. Estrechar el cerco. Pellizcar al rocío. Increparle al silencio.
Hay que mantenerse en pie. Resistir al desaliento. Huir a la codicia. Apostar al rojo. Seducir al riesgo. Quemar las naves. Desechar la tristeza.
Hay que derogar el absurdo. Abolir la incerteza. Obviar el engaño. Sucumbir a la pasión. Insistir al invierno. Destituir a todos los presidentes de gobierno. A los sanguinarios del poder. A los fanáticos del fanatismo.
Hay que ejercitar la memoria. Crear espacios comunes. Hacerle un corte de mangas al olvido. Sospechar del incauto. Atrapar al viento.
Hay que empezar.
Hay que empezar.
Hay que empezar...
miércoles, noviembre 29, 2006

sábado, noviembre 25, 2006
lunes, noviembre 20, 2006
domingo, noviembre 19, 2006

Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en el aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños
Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!
Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.
ÁNGEL GONZÁLEZ

Nadie conocerá nunca el color exacto de mis sueños
Ni la trascendencia del extraño sortilegio que genera tu mano derecha sobre mis ojos
Nadie alcanzará a travesarme el alma de un golpe certero
Ni a arrebatarme el aire vacuo que me circunvala los domingos por la tarde
Nadie retorcerá mis palabras de modo escrutador
Ni lamerá el espacio vacío que separa mi boca de la de los demás
Nadie examinará cada una de las moléculas imperceptibles que me sostienen
Ni intentará revolverme las ganas y el pelo
Nadié entenderá que he llenado de dudas mis bolsillos
Ni interpretará la señal que lanzan mis brazos oblicuos sobre las piernas
NADIE
NI
SIQUIERA
YO






