jueves, noviembre 30, 2006


Existen sólo 2 razones posibles para que esta ciudad no te atrape: O buscas lujo o estás muerto...
Y nosotros estamos vivos, tan vivos, que la inercia de la muerte no nos arrebata ni un solo gramo de tanta sed de vida...
Por éso nos perdemos tras los tejados y sus antenas, nos escurrimos en los tranvías, buceamos entre sus siete colinas emparedadas en piedra y respiramos de cada brisa de ese estuario del Tajo, llenando con ella cientos de botellas pá cuando falte el oxígeno en Madrid...
Lisboa me arrebata, pone en jaque mis sentidos, se me enreda en las manos, me llena de tanta luz como sombra y me trae recuerdos de cosas que aún no he vivido...
Por éso Lisboa.
SÓLO VIAJA QUIEN REGRESA!


Hay que moverse. Avanzar a zancadas. Desafiar al hastío. A la vida misma. A la propia muerte.

Hay que gritar de alegría y llorar de rabia frente a la puerta cerrada. Y revolverse. Y crear una república de besos. Y hacer la revolución.

Hay que seguir bailando cuando tiemblen las rodillas. Consumir cada cigarro hasta su última bocanada de nicotina y alquitrán. Liberar a las hurracas. Devolver a la nada la nada prescrita.

Hay que pelear. Defender el amor y el alma con uñas y dientes. Desactivar todos los relojes. Amasar la esperanza. Cultivar la paciencia. Sonreirle al infortunio.

Hay que revolver el miedo. Derretir la escarcha. Sondear el futuro. Rebosar la taza. Estrechar el cerco. Pellizcar al rocío. Increparle al silencio.

Hay que mantenerse en pie. Resistir al desaliento. Huir a la codicia. Apostar al rojo. Seducir al riesgo. Quemar las naves. Desechar la tristeza.

Hay que derogar el absurdo. Abolir la incerteza. Obviar el engaño. Sucumbir a la pasión. Insistir al invierno. Destituir a todos los presidentes de gobierno. A los sanguinarios del poder. A los fanáticos del fanatismo.

Hay que ejercitar la memoria. Crear espacios comunes. Hacerle un corte de mangas al olvido. Sospechar del incauto. Atrapar al viento.

Hay que empezar.

Hay que empezar.

Hay que empezar...


Soy experto en coleccionar paraísos artificiales,
subconductos de nostalgia,
escondites secretos,
certezas sobre las que reposar
en tardes de invierno verde.
Desconozco las razones de mi existencia,
infinita como es en su eterna sed de mariposas
y cuerpos difamados,
desarticulado e instantáneo como soy,
cuando ni yo ni nadie puede asirme.
Sospecho que el amanecer se romperá
en una clara senectud prohibida
donde abandonarme lento,
entre la realidad que me desvela
y el infortunio de saberme libre.
Me he buscado entre la maleza
donde la piel arde inflamada,
obscena, invisible, terca, ignorante;
donde bulle la Tierra,
en el centro mismo del viento:
en el aire.

miércoles, noviembre 29, 2006



Me has mentido, y yo comiendo algodón dulce, subido todavía al carrusel de tus deseos.
Hoy he tratado de mantenerme en procesional silencio a lo largo de todo este día, porque, para mi sorpresa, lloran, una a una, todas las palabras.
Amanecí con una pérdida insolente despeinándome las alas que con tanto afán me empeñé en alisar para ti.
Y mi sombra, aburrida otra vez de aburrirse de mí, se alquila por horas a cualquier cuerpo que desée acompañarla en su peregrinar improvisado.
Así que ahora estoy todavía un poco más solo que antes de ahora. Que hace apenas 60 segundos.
Te sienta bien ese disfraz de hipócrita con que osas presentarte ante mí; te hace más alto - pobre osito desmadejado! - cada día; más pequeño a cada instante.
Lo que más me duele es que todavía puedas seguir mirándome a la cara sin el más mínimo gesto de rubor. De vergüenza.
Vas por lavida fingiéndote otro. Y ese otro ha calado tan fuerte en tus uñas de rapiña, que ahora ya no sabes distinguir cuál de los dos eres tú, en caso de que alguno haya encerrado por un instante tu esencia primigenia.
Pero a mí ya no me seducen. Ni éste ni el otro, contaminando todo el espacio que mis ganas acondicionaron en un acto de amor sublime, de rebeldía sentimental.
Ya no puedes evitar chocar contra ti mismo, colisionarte el alma con un estruendo chirriante y mortecino que te persigue allá por donde pasas.
Tu frialdad es un insulto a mis demandas, a cada petición anémica, al volcán en erupción que se revuelve con ferocidad demoníaca en mis venas ensangrentadas de lava inerte.
Me he tragado, junto a tu traición, todo mi amor.
Y ahora es mío.
No pertenece a nadie.
No tengo intención alguna de seguir alimentando tus demonios. Tus deseos son sólo pompas de jabón y amoniaco para mí.
Ya no me dueles.
No te concedo si quiera el placer de escocerme.
Sal de mí y cierra la puerta al salir.
Ya me he remendado el corazón.
Te he convertido en recuerdo apenas.
Eres sólo cicatriz.





Hay días de sol y días de aire.
Hay días de cielos plomizo y días de aura metalizada.
Hay días de agua y días de fuego.
Hay días de enero y días de agosto.
Hay días de playa y días de nieve.
Hay días eternos y días diáfanos.
Hay días de ti y días de mí.
Hay días suyos ydías nuestros.
Hay días de dios ydías de tres.
Hay días de música y días de calle.
Hay días de rojo y días de negro.
Hay días de perros y días de pavos.
Hay días de ron y días de Ronald.
Hay días de cal y días de arena.
Hay días de esto y días de aquello.
Hay días de botas y días devotos.
Hay días de dulce de leche y días avinagrados.
Hay días en que pienso y días en que siento.
Hay días en que soy y días en que me disfrazo.
Hay días en que te miro y días en que te encuentro.
Hay días es que te tengo y días en que me pierdes.
Hay días en que te pierdo y días en que me buscas.
Hay días
y días
y días
y días
y días
y días
...
Existe sólo una noche :
la que haya de pasar
CONTIGO.

sábado, noviembre 25, 2006

Quítate el sombrero
si lo tienes
quítate el pelo
que te abandona
quítate la piel
las tripas los ojos
y ponte un alma,
si la encuentras
BLANCA VARELA


Soy un entramado de cables y turbinas
enlazándose, eléctricos, entre sí;
conexiones bipolares, hipotalámicas, estigmatizadas,
magnéticas,
melancólicas,
mecánicas,
neurastémicas,
prostáticas...
Se ha roto el dique:
Bienvenido al centro neurálgico de mí.

lunes, noviembre 20, 2006


Me he sentado a esperarte frente al viejo árbol que nunca nos vio crecer.
Parecía triste, anémico.
Acerqué mi esternón con delicadeza y sentí un crujido leve junto al cuello.
Respiré de su aire anaranjado.
Comenzó a despuntar la mañana, presurosa en su afán por nacerse.
Por dentro y por fuera.
Y te pensé en sepulcral silencio.
Me he henchido de nada todas estas noches.
Coloreé los pasadizos en que me perdí.
Te imaginé a lo lejos de cada uno de ellos.
Ausente.
Distante.
Tarareando alguna canción ya olvidada.
Y topé conmigo.
Súbitamente.
Sin preaviso.
Fue entonces cuando me senté a esperarte frente al viejo árbol que nos vio morir.
Alargó el talle y me rozó los párpados.
Parecía alegre, resilente.
Olvidado del tiempo.
Ajeno a la ingravidez.
Borracho de agua.
Le tomé el pulso y sonrió.
Me pulsó el pecho y sonreí.
Me siento ahora a esperarme frente al viejo árbol que me vio llorar.

domingo, noviembre 19, 2006


Con las veinte uñas de mis veinte dedos pintadas de rojo sangre me he sentado en el porche unas cuantas horas esperando que algo cambie
el tiempo esta hecho de agujeros negros que te atrapan, te devoran y te escupen contra el suelo llevo un anillo de lata y una soga por collar
mi prometido me espera al otro lado yo le tengo que encontrar he clavado 27 alfileres a un santo en la florida
he vuelto sin pisar raya sin doblar ninguna esquina
pon flores salvajes en mi pelo y un lobo a los pies de mi cama pájaros blancos en mi pasillo sombrillas en mis ventanas mis viejos sueños han caducado como una botella de leche
los nuevos se han perdido sin que nadie los aproveche los chicos de las sombras afilan sus cuchillos y yo voy a dar una vuelta por las calles torcidas del centro
solo quiero un par de pequeñas puñaladas que me recuerden que aún estoy viva al fin sola, al fin loca al fin sola, al fin loca al fin sola, al fin loca
CHRISTINA ROSENVINGE

Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en el aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños
Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!
Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.

ÁNGEL GONZÁLEZ




Nadie conocerá nunca el color exacto de mis sueños
Ni la trascendencia del extraño sortilegio que genera tu mano derecha sobre mis ojos
Nadie alcanzará a travesarme el alma de un golpe certero
Ni a arrebatarme el aire vacuo que me circunvala los domingos por la tarde
Nadie retorcerá mis palabras de modo escrutador
Ni lamerá el espacio vacío que separa mi boca de la de los demás
Nadie examinará cada una de las moléculas imperceptibles que me sostienen
Ni intentará revolverme las ganas y el pelo
Nadié entenderá que he llenado de dudas mis bolsillos
Ni interpretará la señal que lanzan mis brazos oblicuos sobre las piernas
NADIE
NI
SIQUIERA
YO