
Voy a cantarte en esta tarde gris
todo lo que han llorado mis ojos negros,
hasta quedarme exento de canicas
en la palma de las manos.
He acometido el más grande de los infortunios :
destrozarme, capa a capa, sorbo a sorbo
piedra a piedra, cuerpo a cuerpo,
entre los pelos de tu vientre.
Si es que llueve esta tarde de silencio roto,
quédate tú el paragüas;
no merecen menos tus llagas de elefante
ni tu rostro enjuto de Cristo apócrifo.
Yo, mientras, te cantaré,
en esta tarde gris,
todo lo que han llorado mis ojos,
negros de lujuria y arrebato,
hasta quedarme exento de canicas
sobre las palmas de mis manos.