sábado, abril 28, 2007



Llovía a mares.
Por dentro y por fuera.
Tu sonrisa me devolvió el calor que escapaba por la ventanilla abierta.
Sabía que se haría tarde muy temprano.
Y asistí con desconcierto al milagro de tu pelo revolviéndose.
Te observaba desde lejos.
A escondidas.
Mientras mencionabas con despreocupación el estado de la ciudad embarazada de obras, puentes provisionales y desvíos improvisados.
El caos hecho orden transitorio, pensé.
A imagen y semejanza de mí.
Te sorprendió el verde de la Pradera a fines de Abril.
Y cuando el cementerio iba quedando a nuestra espalda, con sus vallas oxidadas y sus cipreses tartamudos, ya me sentía como en un relato de Byron, o de Bécquer.
La misma visión que un poema de Rosalía.
Y de no haber sido por tus manos de colores, habría decidido quedarme a vivir sobre aquél césped inmaculado.
Cuando por fin llegamos, ya había decidido derribar la pared que tanto comenzaba a importunar.
Sólo un cuerpo que grita.
La escalera que daba al pequeño despacho oval hizo a las veces de sofá, taburete y mesa supletoria.
Aparcamos en los últimos escalones las cazadoras y las palabras.
Y el recinto se quedó en silencio.
Un segundo.
Dos.
Y un piano que llora.
Comencé entonces a repasar tu silueta con cautela, atento como estabas a la voz que nacía de entre los susurros.
Cerré los ojos y fingí que te amaba.
De nuevo el cosquilleo.
Al tercer tema, ya imaginaba tu cepillo de dientes junto al mío los Domingos por la mañana.
Olvidaba comentar que los niños somos así de absurdos.
Transitamos por el descampado baldío entre el sueño y la realidad.
Estado de vigilia permanente.
De perenne desconcierto.
De sorpresa continua.
La voz arrastrada seguía musicando mi vida sin alteración.
Ajena a su influencia.
A la gravedad con que traspasaba mi órbita.
Intenté rozarte un par de veces con inusitada indiferencia, pero sostenía cristales en las manos. Polvo de estrellas de purpurina.
Y temí por tu integridad de roble.
Todo yo envuelto en dudas.
La luz del local volvió a encenderse despertando todos mis miedos.
El gentío comenzó a bociferar.
La cola para abandonar la sala creció por momentos.
Tomaste mi cintura para apartarme de la marabunta, y bajamos las escaleras en silencio.
Seguía lloviendo a la salida.
Por dentro y por fuera.
Me escondí tras mi capucha y apuramos el camino de vuelta al coche.
Tocaste mi pierna.
Acaricié tu mano.
Habíamos llegado a casa.
Todo me recordaba a ti.
Tardé más de la cuenta en dormirme.
Te pensé por la mañana.
Volví a pensarte por la tarde.
Me reencontré con tu voz por la noche.
Y me dormí imaginándote de nuevo.
Qué ha sido de ti desde entonces es un misterio.
Probablemente hayas salido huyendo.
Cuestión de inteligencia.
O de supervivencia.
En mi entrada arrugada ya sólo se lee:
SE BUSCA DESCONOCIDO.
PD) Desesperadamente


4 comentarios:

Iwi dijo...

Preciosa crónica sobre una cita en esos momentos tan emocionantes del principio.
Todo el relato transmite una vibración especial, llega mucho, de verdad.

miguel v dijo...

cuando tenga dinero te acompañaré a los conciertos. aunque tres es multitud. besos!

Anónimo dijo...

Jamás hubiera podido describir una situación como esa yo misma con este grado intensidad. La situación con el relato la vive uno mismo. Pero ha de pasar de ahí y dejar de ser la primera cita a que se conviertan en muchas más. Las manos con cristales, no dañan a nadie ni aunque sea un roble, si los cristales rozan con delicadeza. Lo que puede suceder es que parte de los cristales queden en el otro anclados sin hacer ningún daño y haya sed de más. Te prometo que no fueron tus miradas las únicas, pero lástima que las de ambas caras no llegaran a cruzárse en el mismo momento. Esto ocasiona la primera vez, sonrisas, nervios, olvidos y tener la mente puesta en la persona que no nos ha dejado indiferentes durante una temporada. A nivel literario, no de sentimientos, volvemos como a textos anteriores. Estilo telegrama. Repetición de frases para guiar el texto o simplemente repetir situaciones. Adjetivos calificativos constantes o bien uso incluso de sustantivos para ello. Sustantivos o adjetivos contrarios para lograr una descripción perfecta "tarde/temprano - caos /orden". Lo importante el texto transmitido. La forma o estilo literario, aun en segundo plano para mí, brillante igualmente.

Sue

Anónimo dijo...

No se quien eres, ni donde estas. Solo se que me gusta lo que haces. También tengo ese vicio de escribir, sin temor al desgarro ni al amor. puedes verlo acá http://locosporlapoesia.blogspot.com/

Asi que gracias por existir, eh?

Juan carlos.