
He llegado a casa con dificultad, camuflado entre el ámbar intermitente de los semáforos metálicos, y casi a tientas, he tropezado conmigo. Contra mí.
El crujido de los párpados al cerrarse ha conseguido despertar al vecino del segundo, y he echado a correr escaleras arriba conteniendo el aliento y la vergüenza. Pájaros azules sobrevolando mis dientes amarillos.
Al cerrar la puerta, el silencio que grita. El maldito crujir de mis zapatillas negras arrastrándose por el pasillo minúsculo. La misma pared rugosa. La luz exigua de la bombilla fundida. El grito que silencio.
El gato que llora en la ventana. Las cortinas húmedas de llanto color salmón. La almohada al borde de la lágrima sobre las sábanas aún llorosas. El perro llorando en el sofá ya húmedo. La bañera desbordada de agua de lágrimas. El armario encharcado de camisetas que lloran. El fregadero, atascado por la llorera vertida desde la sartén y los vasos y los tenedores. El auricular del teléfono supurando llanto eléctrico. El ventilador hiperventilando pequeñas ráfagas de lágrimas aéreas. El suelo, que también plañe, resbaladizo.
Me ahogo.
Rompí el flotador transparente que me regalaste, y ahora me arrepiento. Si pudiese agarrarme a ti, al menos. Al menos a ti, que tendrás el pelo seco y las manos calientes, y estarás tomando café en algún lugar del centro con quien esta noche incendiará tu cama. Con quien amanecerás sudoroso. Ése otro que arderá contigo en las largas noches de este Agosto insomne.
Pero la ausencia se manifiesta cuando es requerida, a imagen y semejanza de su hermana la presencia, que desaparece cuando se la nombra.Y yo sin tiempo de jugar al escondite y buscarte entre las plantillas de la veintena de mis zapatos mojados. Sin chaleco salvavidas ni manguitos escondidos bajo la manga, en algún rincón de la estantería, sobre el mueble inundado de la cocina. Sin ganas de llegar buceando hasta la puerta ni fuerzas para llegar nadando hasta la ventana.
Quién hubiese imaginado que algo así sucedería una noche como otra cualquiera!
Entre tanto, la ciudad, ajena a mí y a mi suicidio obligatorio, brinda con cerveza en alguna terraza atestada de seres grises y/o de colores, que con suerte, festejarán que están vivos. Borrachos y vivos.
Resignarse a caer es también una elección. Pienso en verde. Visualizo mi figura al lado de aquella otra fuente que ya no es la nuestra porque nunca nos perteneció.
Pero yo ya he muerto antes!
Veinticinco muertes repartidas en veinticinco minutos de reloj.
Me revuelvo.
Cierro los ojos.
Suspiro.
Resignarse a caer es también una elección, recuerdo con extrañeza.
Abro los ojos.
Sigo en pie.
Mis piernas se sostienen con fiereza gracias a la ayuda de mi sangre enfurecida.
Ligeras las manos.
La lengua avispada.
Y ni rastro de inundación alguna.
La casa se convierte de pronto en una meseta cubierta de hierba donde juguetean los cojines y bailan las lámparas.
Sabor a caramelo en el interior de los cigarros.
Manzanas verdes colgando de las puertas.
Y sí, silencio.
O lo que es lo mismo, sonido que habla con una voz que no puedo escuchar.
Lo siento por ustedes, señores, pero moriré otro día.
Porque así lo elijo, y así será.
PD) Si se ahogan, silben.
Resignarse a caer es también una elección. Pienso en verde. Visualizo mi figura al lado de aquella otra fuente que ya no es la nuestra porque nunca nos perteneció.
Pero yo ya he muerto antes!
Veinticinco muertes repartidas en veinticinco minutos de reloj.
Me revuelvo.
Cierro los ojos.
Suspiro.
Resignarse a caer es también una elección, recuerdo con extrañeza.
Abro los ojos.
Sigo en pie.
Mis piernas se sostienen con fiereza gracias a la ayuda de mi sangre enfurecida.
Ligeras las manos.
La lengua avispada.
Y ni rastro de inundación alguna.
La casa se convierte de pronto en una meseta cubierta de hierba donde juguetean los cojines y bailan las lámparas.
Sabor a caramelo en el interior de los cigarros.
Manzanas verdes colgando de las puertas.
Y sí, silencio.
O lo que es lo mismo, sonido que habla con una voz que no puedo escuchar.
Lo siento por ustedes, señores, pero moriré otro día.
Porque así lo elijo, y así será.
PD) Si se ahogan, silben.
2 comentarios:
no puedes hundir a un buen hombre.
¡¡¡¡ SIMPLEMENTE MAGNÍFICO ¡¡¡¡ Has recogido en un texto, que me dijeste lo que te parecía ya en persona, algo que no hubiera sabido expresar en palabras.
MAGNIFICO, PERO PERSONALMENTE CAMBIARÍA ALGO EL FINAL. SABES CUAL ES MI LEMA, "Nada puede dejar de decirse por muy doloroso que sea, sin una sonrisa". Me es válido también lo del silbar, si es que a tí te viene mejor o te hace más ilusión.
Díos, este sí que es bueno, te diría que de los mejores que te he leído....
Hablamos de él el lunes en persona.
Cuídate mientras tanto y pon una sonrisa siempre a tu cara. ¡Es tan dulce¡.
Sue
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