Nunca pude formar un club de poetas tejedores, y para la repostería me tuve que conformar con los programas de televisión que nunca dan las recetas completas. Un desastre a los ojos de cualquiera. Sin embargo, he vivido intensamente a través de las vidas ajenas, sintiendo emociones de otros, vibrando con las historias que no me ocurrían. Y sentí. Éso es lo importante. Sentí y entendí que hay que vivir muchas pieles para comprender que no eres tu piel.
Claro que no soy mi piel.
Hoy más que nunca lo sé.
Cuesta mucho dolor lograr la entereza para aceptar que hay cosas que ya no van a ser nunca.
¿A qué edad se deja de llorar?
La soledad degrada, obliga a descender. Como variación, uno puede hacer turismo por los bajos fondos, pero cuando ya el límite de tiempo se excede y al mirar para arriba se sigue sin ver otra alternativa, se va cayendo cada vez más.
Y en este vértigo insano y sórdido, se va deformando sin retroceso el deseo, hasta que finalmente lo que nos excita ya ni se parece a lo que antes llenaba nuestros sueños.
Hay que admitir la esclavitud. Nadie maneja su vida cuando ama. Ése es el peligro si el corazón equivoca el destino. Por eso crecía cada día más esa necesidad, por eso descendía, porque sentía que mi piel y mi alma se estaban cubriendo con un enorme callo que me impedía disfrutar.
Y mi cuerpo seguía reclamando.
Todos los discursos que encontré nunca estuvieron destinados a resolver la soledad, sino a aceptarla.
Cuesta dolor, tiempo y toneladas de sueños tirados en un saco para entender que a la realidad no se le puede exigir nada, porque se trata sólo de una masa informe dedicada a recolectar toda la miseria humana.
Y éso nadie te lo enseña.
PD) Sigo en ese esfuerzo por no matarme o por no salir corriendo a abrazar a alguien que no te conoce y que, tal vez, hubiera podido validar el tiempo libre.
Para mí, la felicidad aún es el recuerdo del momento en que tus dedos tocaban mis piernas.
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2 comentarios:
¡WOW¡ No comments. No tengo palabras, me has dejado sin ellas.
Muchísimas gracias por permitirnos compartirlo contigo.
Sue.
Cada día te superas, quiero decir, que no dejas de sorprenderme, quiero decir, que me encanta, me atonta y me atrapa todo lo que escribes. Me cuesta leerte, no te creas, porque entre frase y frase, adjetivo y verbo, se me va, se me va...
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