sábado, agosto 25, 2007


Arde la piel inflamada. Destellos de vientre arrasado sobre los cojines y las estanterías. Silencio de cruces en la habitación a oscuras. Noche de páramo.

Soledad es un pulpo de tentáculos sigilosos buceando a ciegas las paredes del estómago. Es el conglomerado de ventanas entreabiertas y apellidos seleccionados al azar que nos asalta en las tardes de primavera.

Soledad son los cajones vacíos. El sonido persistente de los relojes en las paredes. El deseo crudo. La Luna.

Acabo de descubrir, aunque haya quien todavía no lo entiende, que sola está la carne, no la ausencia.

No la ausencia.

PD) Atardecer en Casablanca

1 comentarios:

Iwi dijo...

La Luna.

Y sola está la carne, que no la ausencia. (Todavía me cuesta entenderlo, no te creas).

precioso, precioso texto, enhorabuena.