_ Me aburre la vida, doctor. Me agotan su cuerpo perfecto, su sonrisa inmaculada, los dedos de sus pies. Me he cansado del barrio, de su gente multicolor, de los bares abiertos hasta las tantas, de la plaza abarrotada, de los balcones. Me altera hasta el repicar estático del campanario al final de la calle.
¿Cree que es grave?
_Querido Emilio, teniendo en cuenta su abultado historial médico, no creo que se trate más que de una simple crisis vacacional. Porque está usted de vacaciones, no?
_Así es doctor, pero el caso es que nunca antes me había sentido así, tan, no sé, vacío?
_¿Ha vuelto a beber?
_No, por qué?
_Bueno, podría deberse a éso mismo. Recuerde que superar una adicción conlleva consigo atravesar ciertos estados angustiosos que se manifiestan en el individuo a modo de ansiedad o frustración o desmotivación. Pero se recuperará, deje de preocuparse tanto, hombre.
_Ya, pero, cuándo?
_Ay Emilio, no seas usted tan impaciente! Cada cosa a su tiempo. No conviene precipitarse.
_Sí doctor, muy bonito, pero a ver cómo consigo que me entienda. Siento la extraña necesidad de desbordar el vaso, de morderme los codos, de gritar en el supermercado y besar a la cajera del súper (he de reconocer que ésto último no se trataría de un esfuerzo en absoluto). Tengo ganas de vaciar la casa y regalar los libros y los muebles y las sábanas. Quiero raparme el pelo al cero y follar a deshora. Dejar de tirarle la puta pelolita de los cojones al perro que a ella se le antojó tener y al que no hace ni puto caso, por cierto.
Quiero, sí, quiero comérmela, trepar por las paredes de su estómago y arrancarle las arterias a mordiscos, y vaciarle el útero y cortarle las uñas, no, las manos, cortarle las manos, y la lengua. Para que le exploten los labios sobre la mesa de la cocina un lunes cualquiera por la mañana, mientras observo la escena sin inmutarme, sorbiendo mi café negro.
¿Sigue pensando que no tengo un problema, doctor?¿Es normal?
_Ningún problema. Su dolencia se denomina rutina, Emilio. Ha de acabar con ella, eso es todo. Ahora que se pasa en casa todo el día, y después de tantos años de convivencia, es lógico que tenga tales visiones. Tiene que ocupar su mente. Salir, pasear, hacer un viaje, escribir o aprender a tocar el acordeón. Le aseguro que todo irá mejor en cuanto se permita relajarse. Experimentar sensaciones desconocidas, ocupar su mente con actividades que le absorvan.
_Ninguna actividad logra absorverme tanto como para olvidar que he nacido, doctor. Y a veces creo que ésa es la mayor putada. Que uno no elige nacer. Ni hacer la comunión. Ni vestir igual que su hermano en la boda de esa tía lejana a la que apenas se recuerda. Uno no elige el color de su pelo, y ni siquiera el momento de su caída, ni su altura, ni su complexión esmirriada o flatulenta.
_En eso he de darle la razón, Emilio pero entonces, por qué sigue viniendo a verme cada jueves? ¿No está eligiendo ya?
_Supongo...
_Déjese de tonterías, vuelva a su casa, quítese los zapatos, encienda la televisión y tómese una limonada tranquilamente. Mañana se sentirá mejor.
_¿Usted cree, doctor?
_Haga lo que le digo,Emilio.Confíe en mí.
_Muy bien, así será. Gracias por todo, doctor. Ha vuelto a salvarme la vida.
_No sea usted exagerado, hombre. Para éso estamos!
_¿Cuánto le debo?
_Lo de siempre. Setenta euros. Y le espero el próximo jueves sin falta, a ver qué tal ha ido la semana.
_Por cierto, doctor,usted se tira a mi mujer, verdad?
_No diga barbaridades, Emilio, por Dios!
_No es necesario que lo niegue. Les ví hace unos meses, en un coche que supuse debía ser el suyo, en la Casa de Campo, a altas horas de la madrugada.
_Emilio, por favor!
_Yo andaba buscando a una latina que suele hacerme precio especial si antes la invito a cenar. No se crea, cosas baratas, el Vip´s o algo así, pero a ella le hace ilusión, dice. Bueno, y yo creo que pasa hambre habitualmente, porque la muy puta es capaz de comerse su plato y el mío más los dos postres de una sola sentada. Bueno, pero la cosa es que en ésas estaba yo cuando les ví sobre el capot de su Mercedes. Usted le gritaba guarradas y ella accedía a cada uno de sus caprichos con naturalidad de delfina.
_Emilio, no siga o me veré obligado a echarle.
_Cuando acabaron, cuando acabó en su boca, quiero decir, ella le tomó fuerte la mano y le pidió que la llevase lejos. Usted sonrió displicentemente y le atusó el pelo con ternura.
Y ahora me pregunto si de verdad van a escaparse juntos, o tan sólo la complace mientras siga sabiendo chupar y respirar.
_Ya está bien, voy a llamar a la policía si no se va ahora mismo!
_Vaya abriendo la boca antes de que haga uso de la pistola, doctor. No quisiera mancharle las paredes.
Uno,
dos,
tres...
_ No, no, no dispare, se lo ruego! Qué quiere que haga, qué espera de mí! No me haga daño, Emilio, por favor!
-Abra la boca y tome aire mientras me bajo la cremallera...
_Pero...dios mío...
_Es fácil, ya verá. Todo irá mejor en cuanto se permita relajarse. Experimentar sensaciones desconocidas. Ocupar su boca en actividades que le absorvan.
Ahora quítese los zapatos, encienda la radio y trague saliva.
Le gustará, doctor, le gustará. Confíe en mí.
Por cierto, le importa pagarme los setenta euros por adelantado?

2 comentarios:
Tremendo relato! sí señor!!
Siempre dije que ir a terapia era como irse de putas..he aquí el cazador cazado...o el putero puteado.
LOve u
Qué rara cosa me pasó cuando leía el relato: estaba chateando contigo y en un momento te avisé que estaba leyendo este blog y al rato desapareces. Nada raro si no fuera el nombre del personaje que coincide con mi último ex. Me hubiera gustado que Emilio fuera el doctor, pero....
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