
Querido cabrón:
Lento, muy lento. El tiempo se hace eterno en una ciudad deshabitada.
Y sin embargo, todo va rápido. El sonido huracanado de las motos por las calles estrechas. Mis piernas al contacto con el suelo. Los alaridos y brincos del perro, de madrugada y cuesta abajo. El tic-tac ininterrumpido del reloj de cocina del salón.
Me gusta Madrid. Ha llegado el fresquito por fin, y aunque la lluvia amenaza con hacer acto de presencia continuamente, la poca gente que atesora la ciudad en esta época del año refulge, se lanza a la calle, y ni paraguas ni gorras de sol logran disuadirles.
He pasado la tarde en una pequeña cafetería del centro. Las semejanzas con aquel "Café De Dos Moulines" donde trabajaba Amelie Poulain eran evidentes. Me he sentado en una mesa pequeñita a la entrada del local. La mejor mesa del mundo. Enmarcada bajo un pequeño cubículo de paredes rojas, el ventanal enorme permite divisar cada milímetro de la acera dormida, porque también las aceras descansan de pasos y escupitajos varios.
Por primera vez desde que volví me sentí feliz. Relajado. Sabía que el reencuentro se produciría. La ciudad y yo a solas manteniendo una cita. Encendí un cigarrillo y me dispuse a esperar.
Estoy creciendo. Lo noto. Lo siento en mis manos pequeñas pero áridas. En los labios abiertos que buscan lenguas. En mis pies pelados pero resistentes. En mi sexo. Mío.
A punto de recuperar mi vieja bici azul. A dos pasos de salir corriendo por las escaleras. Al borde del precipicio.
Pero en pie.
Y sonriendo.
Besos de agua.
3 comentarios:
Esas caladas en las mesas de los cafés...
Me gusta cómo empiezas: "Querido cabrón:". La primera vez que leí el texto lo pasé por alto, no me di cuenta de la frase, quedaba muy arriba. Al ir a releerlo me lo tropecé y sonreí: era fundamental.
¿Significa eso que se da por finalizado tu periodo de estancia en el infierno?
love u
hala cuanto tiempo sin escribir nada......
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