viernes, septiembre 21, 2007



Nunca he sabido caer de pie. Me fracturo continuamente intentando mantener el equilibrio. Mis tobillos, ligeramente inclinados hacia algún lugar que no reconozco, se sostienen con precariedad de colibrí. Mi cuerpo cede al pulso de la carne, de la sangre, del asfalto. Cede. Cedo. Irremediable descenso. Ya estoy besando el suelo de nuevo.

Y lo peor es que no sabe a nada.

5 comentarios:

Iwi dijo...

Lo bueno es que tú tienes alas y con la misma facilidad te levantas.

miguel valentin dijo...

te echo de menos, tanto personal como blogueramente. espero que estés bien, y aunque no lo estés te voy a llamar cualquier día de estos y a intentar que lo estés, modestamente.
besos.

Alan Cool dijo...
El autor ha eliminado esta entrada.
Alan Cool dijo...

El problema de caerse no es el hecho en sí de hacerlo. Todos tenemos una particular atracción hacia el centro de la tierra, se llama gravedad, que insistimos en "agudizarla", si me permites el juego de palabras, quedándonos ahí, contemplando a la nada, saboreando la nada, como tú bien dices... Es momento de levantarse, tropezar las veces que sean necesarias, pero recuerda que tropezar y no caerse es avanzar el doble del camino.

¡Ánimos ángel!

Un besazo.

www.alancoolin1980.blogspot.com

Iwi dijo...

Vuelvo en unos días, espero verte revoloteando como siempre, y si no lo estás ve poniéndote a ello.