viernes, marzo 30, 2007

Hoy ha sido un día raro. Oscuro. Demencial.
Mientras sorbía el café que habría de emborracharme, advertí que algo extraño estaba a punto de acontecer. Retiré entonces los papeles, que ocupaban toda la mesa, y me dispuse a observar a través del ventanal coloreado. La calle presentaba una inusitada calma a esa hora tardía en que los perros comienzan a ladrar al unísono, vaya usted a saber bien por qué, y la iglesia que emerje al final de la calle, tan rosa y tan callada, agita entonces con altanería sus campanas indecorosas, amenazando con ensordecer al mismísimo silencio.
Todo parecía más propio de un biopic televisivo que de la vida real.
Comenzó a llover al mismo tiempo en que el camarero del lugar rompía un vaso amarillo que contenía cientos de pajitas negras. Poco antes había estado mordiendo hasta la náusea una de ellas. La más bonita. La blanca.
Sonaba en ese instante aquella canción machacona que me había acompañado durante tardes enteras muchos meses antes. Cuando aún vivía contigo. Me recuerdo apoyado junto al quicio de la ventana esperando a que salieras del portal. Te acompañaba con la mirada hasta que desaparecías girando la esquina con premura, no sin antes mandarme un beso y sonreir.
No imaginaba entonces que tantos otros días consistirían en esperar, apoyado junto al quicio de esa misma ventana, a que volvieras, sonriente y presuroso, a besarme.
Pero no lo hiciste.
La máquina de tabaco quedaba justo a la derecha de mi mesa, así que opté por fumar el último cigarrillo de mi paquete desvencijado como si, efectivamente, fuese el último pitillo que hubiese de fumar el resto de mi vida.
Ocurrió de súbito. Inhalaba con fuerza cuando apareciste.
Parecías tener prisa, caminabas con rapidez de relámpago, tal vez tratando de evitar que las finas gotas de lluvia se posasen sobre tu pelo ya humedecido. Vestías tu sempiterna bufanda azul y esa camiseta a rayas que tanto me gustaba robarte los viernes. Tu miraba apuntaba, desafiante, al frente, y la barbilla erguida te confería cierta actitud de gladiador romano.
Echaste a correr de pronto, cuando un coche rojo que pasaba a toda velocidad te salpicó los pantalones.
Y te perdí de vista.
Atrás quedaban la visión de tus cascos ultramodernos y ese último gesto displicente regalado al aire sin disimulo.
Me quedé paralizado. Aún ahora me cuesta mover las piernas.
Pagué la cuenta y saludé al camarero despistado que me guiñaba un ojo a modo de despedida, y subí corriendo a casa. Agotado todavía por el esfuerzo de llegar hasta el cuarto piso en menos de un nanosegundo, abrí la ventana con ansiedad y busqué tu figura al final de la calle. Perdiéndose junto a los charcos.
Pero ya no estabas.
Bajé a la calle de nuevo y recogí en una botella de plástico transparente el líquido blanquecino que la lluvia había ido almacenando en una pequeña hendidura de esa misma esquina por la que tiempo atrás te observaba desaparecer.
Me la bebí de un trago.
Y lo peor es que todavía tengo sed.

sábado, marzo 24, 2007


No sabía bien a dónde ir y acabó recalando en tus brazos de alga ( Hoy está cansada de mirarte y esperar ) .
Le escocía de tal modo el calor en la lengua, que te hizo tesorero único de toda la saliva de sus labios ( De sentarse y esperar ) .
Se bebió de un solo trago la sed entera de tus ojos negros que te quiero verde, y ahora está borracha de sus propias lágrimas ( De mirarte y esperar ) .
Se ha introducido tantas veces en cada uno de los rincones que conforman el milagro de tu cuerpo, que tiene las manos sequitas de andar recorriéndolas por tu espalda ( De tocarte y esperar ) .
Y harta ya de estar harta otra vez, se tumba en el sofá amarillo y vuelve a esperar.
A ti, que nunca has esperado a nadie en toda tu vida.
Parece empeñada en regalarte sueños en los que ni siquiera cree. Porque los inventa para ti. Sueños de caramelo en tecnicolor. Cientos de sueños de lluvia infinita que brota. Pequeños sueños de aire ( De imaginarte y esperar ) .
Pero no sabía ella que es más fácil reprimir el primer capricho que satisfacer todos los que le siguen.
Y sigue mirándote, aunque le pese, y su mirada habrá de acompañarte a cualquier lugar al que decidas ir. Porque el pasado es un amigo mentiroso pero fiel, y su nombre, tantas veces conjurado, es ahora un cascabel oscuro que pende de tus hombros y retuerce tu garganta con solemnidad.
Ha salido a buscarte en cuanto has cerrado la puerta que nunca llega a cerrarse del todo. Y ha topado consigo: con la soledad de sí.
Ha descubierto que el silencio es verde cuando al tiempo y al espacio le dan por taparse la boca y retirarse a descansar.
Admirarte ya no es un don espontáneo. Necesita de actos mínimos que corroboren que sigues siendo el único objeto de su deseo. Ínfimos actos de fe que le obliguen a postrar todas sus cosquillas a tus pies. Verdaderos actos de amor traslúcido, arrebatado, desquiciado, incondicional.
Que no siempre debería ser lo mismo que "sin condición".
O sí.

miércoles, marzo 21, 2007



He estado esperándote y no has llegado ...

Y se me ha hecho desierto la saliva entre los pliegues de la lengua.
Y he llorado lágrimas de piedra caliza por las manos, los ojos y el hígado.
Y ha llovido tanto entre mis ingles que el esperma nace seco de ternuras y certezas.
Y me he perdido por la senda del deseo de los brazos que nunca llegan a tiempo de abrazarme.
Y me he cansado de mentirme con metáforas y licores de frambuesa.
Ahora voy a cantarme las verdades de costado y por corrido.
Y la verdad es que he estado esperándote todas mis horas enteras,
todas mis noches enteras,
y no has venido.
El crepúsculo me exalta, me obliga a suicidarte con el alba.
¿Cómo podría creer ahora tu promesa de vivir siempre a mi lado?
¿No ves que se paró el reloj a las 3 en punto?
El día va a despuntar y habré de volver a dar cuerda a mi vieja caja de los sueños.
¡Qué puedo decirte! Lástima que nada ahora pueda compensarme.
Será mejor que vuelvas por donde viniste.


¡Ay, pena que durante el tiempo que estuve esperando no llegaste!

lunes, marzo 12, 2007



Mañana es mi cumpleaños.
Atrás quedaron los escombros.
Emprendo viaje hacia delante, hacia el tiempo bien llamado porvenir.
Mi cuerpo marcha solo, equivocándose, torciendo los designios que yo trazo.
Si serenase mi pensamiento, si pudiese detenerme y pensar, me sería sencillo reconocer rostros, no sé, lugares, gentes que hablen mi mismo idioma y me comprendan.
Si fuese capaz de hallar un sitio donde echarme boca abajo, y cerrar los ojos, y mirar, despacio, dentro de mi vida, quizá me resultase fácil averiguar algo, saber a qué lugares quiero ir, de dónde vengo, para qué estoy aquí, cuál es mi nombre.
Pero el tiempo no existe,
y tengo prisa :
no hay sitio para mí en el descampado donde habitaba.
Es preciso llegar a algún sitio,
no me detengo,
sigo buscando,
me muevo,
camino ...
Murió quien pudo,
quien no pudo morir continuó andando.
" Tal como siempre, pues, pedid conmigo:
Más fe, mucha más fe.
Que en cierto modo,
creer con tal fuerza lo que no vimos,
nos invita a negar lo que miramos "

jueves, marzo 08, 2007


Sangre: no sangres más.
No hay tiempo que llorar.
Cuando no sangre más así la sangre,
ese día, por fin, será el futuro.

ÁNGEL GONZÁLEZ

miércoles, marzo 07, 2007



No dirijo mi vida, y el futuro
se presenta inseguro, turbio, incierto.
Me atengo sólo a ti, que no te tienes.

domingo, marzo 04, 2007


En el futuro las cosas más caras serán las que hoy son gratis. El aire y el agua. La gente racionará el agua, gotita a gotita como si fuera perfume. Y el aire puro se venderá en bombonas. En cambio, las televisiones, los coches, los relojes, serán baratos, muy baratos, nadie dará importancia a esas cosas, un hombre rico será, es ya, el que tiene un árbol.


Antes de todo, dicen los viejos de Nauchipán, era el Tiempo de los Sueños. Donde sólo existían las voces.
Los cuerpos todavía no habían sido formados, fueron formados luego con los timbres de las voces, sutiles unos, fuertes otros. Efímeros todos.
Antes de todo sólo existían las Palabras, y poco a poco las palabras fueron haciendo el mundo.
Pero no os dejéis engañar.
Porque el mundo todavía no está terminado.

EUGENIA RICO


Juguemos a que te quedas encerrado en mi habitación y te ato las manos con regaliz. Te escondería entre las sábanas y las fundas de los cojines, en el papel higiénico del cuarto de baño y los vasos de café de la cocina, en los libros de poemas que te tocaron porque los tocaste, en los acordes de mi guitarra desafinada sin sus dos cuerdas, en el desorden del armario, en la luz de los mecheros azules, en las botellas de agua que te bebieron porque de ellas bebiste. Guardaría tu olor en una vieja caja de zapatos junto a la marca de las palmas de tus manos sobre los muebles. Conservaría el eco de tu voz en la ducha y las colillas de tus cigarros en ceniceros repartidos por el suelo. Me tatuaría tu sudor, tu saliva, tu aliento, tus mordiscos y tu deseo contagioso en la boca del estómago. Instauraría una república de lametazos y risas contigo. Me bucearías entero, te bucearía entero. Nos ahogaríamos juntos. Hasta que se nos vuelva agua la sed... Y se nos lleve la marea, y se nos lleve la marea, y se nos lleve la marea ...



Otra vez pensando en ti, mi desconocido favorito.
Otra vez esperando a que el teléfono se digne a hablar con tu voz.
Otra vez que llega tarde.
Que llegas tarde.
Otra vez.

sábado, marzo 03, 2007

Creo que te has colado por alguna de mis ventanas ...
¡ No valen a veces las alturas el trabajo de subir por sus penosas escaleras !

Me miraste con tus ojos sin preaviso, desde lejos, en el punto exacto donde confluye mi tristeza...
Aparqué mis ganas de morir durante aquella tarde de verano, ajeno como estaba al sonido intermitente de mi propia respiración...
Restaurarme las ganas fue sencillo mientras atusabas mi pelo con ternura, mirándome sin verme, imperceptible al desaliento que ya habían dibujado mis manos en tu bañera...
Llegué borracho de miedo, de dudas, de insomnio; había transitado antes ese camino, pero era diferente esta vez.
Conocías la textura de mi piel, antes incluso de haberla recorrido. Capturaste mis heridas sin pudor, sabiendo, sin abrir la boca, que no estaba dispuesto a lamérmelas. Llamaste a mi desconsuelo por su nombre, sin que os hubiesen presentado. Me caminaste sin mapa ni brújula, atisbando con acierto la incerteza que me conformaba.
Ha llovido mucho desde entonces. Tanto, que necesito de tu memoria para reconstruirme cuando amanece nublado.
Porque nadie sabe verme como tú, desde lejos, sin preaviso,
en el punto exacto donde renace mi alegría.
PD) Te debo el sonido, aunque tú no lo sepas...

jueves, marzo 01, 2007




Mírame con los ojos de dentro de los ojos
Los ojos que se abren si los otros se cierran
Tócame con el tacto que hay bajo los dedos
En la carne de aire que nadie me ha palpado
Gústame sin saberme
lengua sintetizada
Húeleme sin sentirme
Y óyeme sin que te hable
comparte mi lenguaje

LUCÍA ETXEBARRIA
Es madrugada.
El sonido del silencio me perturba.
De nuevo el insomnio.
Las noches blancas.
Negras.
Un ligero resquemor me recorre la espalda.
Tumulto en la calle.
Un grupo de personas celebra que están vivos.
Lloran las sábanas.
Olvidé lavarme los dientes, me digo.
Salto de la cama.
Intento topar a ciegas con la puerta del baño.
Mis pies se contraen al tacto con el suelo.
Doy media vuelta.
Vuelvo al calor artificial de las mantas.
Me revuelvo.
Sed en las manos.
El tiempo detenido sobre la mesilla.
El grupo de gente jalea un nombre incomprensible.
Suena el teléfono.
Me he quedado sin pulso.
La voz de Nina Simone en la cabeza.
... el que no cuida su bien, no lo merece.
-()-
Pack up all my cares and woe, here I go, singing low,
Bye-bye Blackbird.
Where somebody waits for me, sugar's sweet, so is she,
Bye-bye Blackbird.
No one here can love and understand me.
Oh -- what hard-luck stories they all hand me.
Make my bed and light the light
I'll arrive late tonight,
Blackbird, Bye-bye